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Huertas urbanas: mejores alimentos y menos emisiones de CO2

La posibilidad de contar con huertas en las cuidades permite producir alimentos frescos y sanos, al tiempo que se reduce el consumo y la dependencia energética.

Partimos de la premisa de que las ciudades deben reducir al mínimo el transporte de sus alimentos desde su origen hacia el lugar donde son consumidos para disminuir las emisiones de dióxido de carbono, sobre todo, cuando se trata de alimentos frescos como frutas y verduras, en los que más del 80% del peso transportado es agua. A partir de la combinación de huertas urbanas con el aumento de las superficies verdes -sobre todo, en techos verdes- se lograría satisfacer parte de la demanda de verduras y hortalizas, ayudando a reducir la contaminación originada a partir de su transporte.

El cemento de las grandes ciudades atrapa el calor en las superficies y puede generar un aumento de temperatura del orden de los 2°a 4° C respecto de las zonas rurales; calor que demora en disiparse hasta altas horas de la noche. Este fenómeno es conocido como “efecto de la isla de calor” y disminuye la calidad de vida, a la vez que dispara el consumo energético por el uso de acondicionadores de aire, incluso de noche.

Desarrollar huertas urbanas genera alimentos frescos, producción sin agroquímicos, disminución de emisiones de Co2, ciudades más frescas por contar con mayores superficies verdes, nuevos puestos de trabajo y además incorpora una actividad relajante en nuestros momentos de ocio.

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